La tipografía no es la voz visual

Cada vez que alguien me pregunta ¿a qué te dedicas?, me brillan los ojitos de emoción, porque me toca explicar de nuevo «qué es la tipografía». Y no es que sea un fanático por definir mi trabajo, sino que generalmente la gente no entiende a la primera qué es lo que hago y me toca explicarlo de mi manera favorita: con metáforas.
Para los que siguen el blog desde hace años, sabrán que siempre definí a la escritura «como la voz escrita», porque así como una persona puede comunicar con un tono de voz particular, también puede representar, sentimientos y emociones con sólo cambiar el tipo de letra.

 

-¿Me amas? Pregunta alguien.
-Debemos hablar. Le contestan.
Es un diálogo súper corto, lo sé. Por lo mismo le pregunté a mi novia, qué opinaba de esta lámina, sin contarle de qué se trataba.
Ella me respondió que le parecía bastante cruel, y me lo explicó: Se nota que la chica estaba bastante enganchada con el tipo, y este lamentablemente estaba preparando un discurso para desecharla.
¿Por qué piensas eso?, le pregunté.
Porque es el típico discurso que hacen los hombres. Sin embargo, no está siendo ni violento, ni pesado con ella. Se está esforzando por hacerlo de la manera que él cree que es menos dolorosa: con seriedad, respeto, pero se nota que ya no hay vuelta atrás y que la está dejando por motivos cien por ciento prácticos y no necesariamente por otra.
¿Todo esa información es capaz de entregar la tipografía?
Si. Y mucha más.
Veamos otro ejemplo.


Una persona le dice a otra:
-Que bueno que le pediste el aumento de sueldo a tu jefe.
-Si, si. Espero que ahora lo aprueben. Contesta.
En este caso ya no estamos tan seguros de que la conversación sea una pareja de novios, perfectamente podrían ser amigos, o amigas.
¿La tipografía te dice eso?
Exactamente. También podemos extraer que la pregunta no tiene ni maldad ni dobles intenciones. Probablemente lo estaba ayudando a algo que no se atrevía a hacer, o bien no sabía cómo hacerlo.
La respuesta sorprende un poco. Porque la inclinación a la izquierda nos podría insinuar dos cosas: «O no se atrevió a pedirlo, o está mintiendo y se lo rechazaron».
No lo sabemos, pero al decirlo en condensado, pareciera que estuviera resignado, o lamentablemente no cree que va a poder contar con el reajuste que se merece.


Una niña de entre 5 y 7 años, le pregunta a la mamá si puede ir a la casa de su amiguita Florencia.
¿Irá a hacer un trabajo para la escuela? Probablemente no.
Más bien, las ligaduras nos dicen que se está preparando para ir a jugar.
La mamá, con una voz seria y eficiente, le dice: «si te comes las verduritas».
La inclinación de la tipografía a favor de la dirección de lectura, también aporta información: «quiero que las verduritas te las comas rápido. Mientras antes te las comas, antes vamos».


Una chica le pregunta a un amigo(a), familiar, o alguien de confianza.
-¿Y que tú no estabas a dieta?
Con simpatía y la alegría de una persona que se está justificando, la otra persona le responde, «O sea si, lo que pasa…».
Da lo mismo lo que siga diciendo, todos sabemos que esa dieta no va bien encaminada y no está resultando.


Es curioso que dos tipografías sans serif con carácter más bien informativo y neutro, puedan dialogar.
La primera persona le pregunta incrédula.
-¿Te comerás esa hamburguesa gigante tu solo?
-Necesito recuperar calorías. Le responde rápidamente, con la típica actitud de una persona que viene saliendo de una exhaustiva rutina de ejercicios.
Podemos ver que ambas tipografías son de palo seco, y con un peso «regular», sin embargo, la gran diferencia entre el carácter de ambas tipografías se centra en el ancho y la inclinación.
Probablemente sean dos personas de similar edad, quizás colegas del trabajo, ambos delgados, con la diferencia que uno es «fit» y el otro es «sport».

 

Probablemente la típica pareja de novios jóvenes.
La chica, motivada y entusiasmada le dice a su novio, «hoy Si que nos vamos a bailar».
-¿Era hoy?, le contesta el hombre, probablemente recostado en el sofá, ya en modo «se acabó el día y sólo queda ir a dormir».
La sobre-motivación de uno versus la pasividad del otro.
¿Y por qué tenemos la sensación de que la tipografía de arriba tiene las ganas de bailar y no la de abajo?
Quizás sea por los movimientos exagerados de los trazos. 
La «H», la «S», y la innecesaria curva de la «l», es como si nos estuvieran invitando a hacer bellos movimientos ornamentales. Bailar.
La pasividad y horizontalidad de la tipografía extendida, sin inclinar, y la ausencia total de ornamentos nos está casi gritando que quiere comunicar lo justo, haciendo el mínimo esfuerzo posible. Relajo.

 

Un/a niña/o está probablemente jugando con su perro en el parque con una pelota. «¡Ve a buscarla!», le dice, y le lanza la blandita pelota de goma.
A ver, a ver, espera. En ninguna parte dice que es una pelota ni de goma ni es blanda. ¿De dónde sacamos eso?
Quizás la terminación de los trazos nos lo esté diciendo.
El perro, sale corriendo desordenado y mal alineado, con la lengua que le cae del hocico dice: «wooff, woaf».

En todos estos ejemplos, hemos visto cómo la elección tipográfica es fundamental para que el mensaje pueda ser entendido.
Acá no hay truco.
El color no juega un rol fundamental como potenciador del mensaje, ni el tamaño de la letra, ni el exagerado uso de mayúsculas.
El mensaje lo entrega el texto, pero de la manera de decirlo se encarga la forma de las letras.
Son ellas las que finalmente nos comunican: su peso, sus trazos, las terminaciones, el ancho, la inclinación, el contraste, etc. Todo eso va determinando y construyendo la compleja personalidad de cada tipografía.
Una tipografía muchas veces puede susurrarte en su versión «light», e imponerte en su versión «black».
El mensaje escrito no está separado de la manera de decirlo, y para eso, entender cómo nos comunincan las tipografías es fundamental.
Por eso, cada día, creo que la la forma tipográfica tiene más que ver con una personalidad completa que con sólo la voz.

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